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jueves, 20 de octubre de 2011

Pedro y el Lobo

Autor: Sergei Prokofiev (1891-1953)




En 1936 la comisaría para la educación infantil de la Unión de Republicas Socialistas Soviéticas (URSS) encargo a Prokofiev una obra que ensañara a los niños a distinguir el timbre de los instrumentos de la orquesta, pues cada uno de ellos tiene una funcion especifica en la obra; así nació “pedro y el lobo”, un cuento sinfónico para narrador y orquesta. La obra fue estrenada el 2 de mayo del 1936 en uno de los conciertos que la orquesta filarmónica de Moscú dedica a los niños.

INSTRUMENTACION:

Flauta ----- Pájaro
Oboe ----- Pato
Clarinete ----- Gato
Fagot ----- Abuelo
Trompas (4) ----- El Lobo
Percusión ----- Cazadores
Cuarterto de cuerdas ----- Pedro
Un trombon
Narrador

“Pedro y el lobo” constituye uno de los más grandes ejemplos de pedagogía musical que se hayan escrito jamás. Sin ser un tratado o un método teórico, que fundamente sus bases en enrevesadas y aun insipientes teorías psicológicas, logra con renovada frescura, captar el interés de los oyentes, procurando los objetivos propuestos.
De manera brillante Prokofiev logra caracterizar los instrumentos de la orquesta sinfónica en acuerdo con unos personajes específicos que toman vida a la medida que fluye la música.
Está escrita en forma fresca y renovada, y no cae en las abstracciones del vanguardismo propio del lenguaje musical de la época, sino que por el contrario utiliza uno agradable y ameno sin rayar con lo anticuado.
Esta obra escrita con el fin específico de propiciar a los niños la capacidad de discriminar los diferentes timbres de la orquesta, también puede usarse como preludio introductorio al maravilloso y extenso universo sonoro de la música clásica, sin generar un rechazo inminente, que cualquier otra obra mal escogida podría producir en los precoces oyentes.
Además del enorme valor pedagógico de “pedro y el lobo”. También se presta dicha composición para incentivar en los niños (o quien lo oiga) la capacidad de imaginar, de soñar, con una historia fantástica sustentada con una música maravillosa. Para admirar es preciso señalar que esta obra revela el interés soviético (hace mas de 50 años) de acercar a los niños al arte, promoviendo e incentivando la creación de obras de este tipo.
Mientras hace mas de medio siglo el estado soviético se preocupaba por la formación integral de los niños, siendo la música parte fundamental de esta; nosotros ahora en pleno siglo XXI. Lo único que brindamos a nuestros infantes (o al menos lo único que promueven los medios) es música vulgar e insignificante que no conlleva mas que a la alineación.

 
 

miércoles, 5 de octubre de 2011

Ni folklorico, ni masivo ¿Que es lo popular?

por Néstor García Canclini
 
 

El tratamiento de lo popular, como especificidad de la cultura y como expresión de la comunicación, ha venido siendo abordado por comunicadores sociales y antropólogos desde distintas matrices de interpretación y desde premisas que no siempre han contribuido a profundizar en el estudio de sus implicancias; y su íntima vinculación.

En esta ocasión el destacado investigador Néstor García Canclini asume el análisis de este hecho descubriendo las limitaciones que han estado presentes y reclamando una metodología de trabajo transdisciplinario como condición Indispensable para una investigación integral sobre las culturas populares.

Hay éxitos tristes. Por ejemplo el de palabras como popular, que casi no se usaba, luego fue adquiriendo la mayúscula y acaba escribiéndose entre comillas. Cuando sólo era utilizada por los folcloristas parecía fácil entender a qué se referían: las costumbres eran populares por su tradicionalidad, la literatura porque era oral, las artesanías porque se hacían manualmente. Tradicional, oral y manual: lo popular era el otro nombre de lo primitivo, el que se empleaba en las sociedades modernas.

Con el desarrollo de la modernidad, con las migraciones, la urbanización y la industrialización (incluso de la cultura), todo se volvió más complejo. Una zamba bailada en televisión ¿es popular? ¿Y las artesanías convertidas en objetos decorativos de departamentos? ¿Y una telenovela vista por quince millones de espectadores? Hay una vasta bibliografía que habla de cultura popular en espacios muy diversos: el indígena y el obrero, el campesino y el urbano, las artesanías y la comunicación masiva. ¿Puede la misma fórmula ser usada en tantos territorios?

Hasta ahora estas preguntas han recibido, más que soluciones científicas, respuestas editoriales e institucionales. Se reúne un grupo de artículos heterogéneos o se organiza un simposio multimático y se les coloca como título -la cultura popular-. Estos agrupamientos no siempre son arbitrarios. A veces, los provoca el interés de responder a una disponibilidad del mercado editorial o académico.

En otros casos, se quiere enfrentar una necesidad cultural o política: cuando se crea un museo para difundir las diversas culturas de un país, o cuando se organiza un movimiento popular urbano que agrupa a sectores subalternos con objetivos –comunes más allá de sus diferencias étnicas o laborales. El éxito público de la denominación radica justamente en su capacidad de reunir a grupos tan diversos, cuya común situación de subalternidad no se deja nombrar suficientemente por lo étnico (indio), ni por el lugar en las relaciones de producción (obrero), ni por el ámbito geográfico (cultura campesina o urbana). Lo popular permite abarcar sintéticamente todas estas situaciones de subordinación y dar una identidad compartida a los grupos que coinciden en ese proyecto solidario.

Por eso, el término popular se ha extendido como nombre de partidos políticos, revoluciones y movimientos sociales.

En esta polisemia reside también su debilidad. Lo popular no corresponde con precisión a un referente empírico, a sujetos o situaciones sociales nítidamente identificables en la realidad. Es una construcción ideológica, cuya consistencia teórica está aún por alcanzarse. Es más un campo de trabajo que un objeto de estudio científicamente delimitado. No obstante, debiéramos poder plantear el problema científico con cierta independencia de las presiones y los intereses históricos que condicionan excesivamente las maneras en que las ciencias sociales se interrogan por lo popular. No estamos pretendiendo una imposible asepsia del discurso científico respecto del entorno en que es producido, circula y se usa. Si bien ninguna práctica social puede desentenderse enteramente de su contexto, pensamos que una propiedad de trabajo científico es volver visible y discutible, y por tanto un poco más neutralizable, la relación entre su discurso y las condiciones en que se engendra.

Para encarar la crisis actual de la teoría sobre la cultura popular, uno de los problemas claves es la divergencia entre dos tendencias científicas opuestas: la antropología y los estudios sobre comunicación. Hay que preguntarse por qué se desarrollaron Í separadas, con estilos de trabajo tan distintos. Señalaremos brevemente los rasgos propios de cada paradigma y sus modos de ocuparse de lo popular. Analizaremos luego qué ha significado para cada uno su parcialidad y que cambios les provocaría tomar en cuenta la mirada opuesta. A partir de este debate intentaremos, ver si un enfoque transdisciplinario nos ayudaría a definir mejor qué entendemos por cultura popular -y también por cultura masiva-, si aún pueden sostenerse esos nombres, y cómo estudiarlas en una época que reformula las relaciones entre tradición, y modernidad, entre las formas locales de sociabilidad y las que promueven las nuevas tecnologías.